La Patagonia es sin duda uno de los parajes más puros, más bonitos, y más introspectivos que aún se pueden visitar. Es la clase de lugar donde se te pierde la vista en el infinito y el silencio es tan profundo que parece irreal.
Pasear por sus llanuras interminables o bañarse en alguno de sus lagos de aguas heladas y cristalinas es una experiencia que hace renacer la esperanza interior de que este mundo puede volver a ser tan magnífico como un día fue.
Pero además de su belleza, la Patagonia es, después de la antártida, la mayor reserva de agua potable del mundo. No hace falta profundizar mucho en esta idea para darse cuenta de la importancia que tiene conservar este entorno, no sólo para las generaciones venideras, sino para nosotros mismos.
La noticia de que Endesa piensa construir cinco macro presas y un sistema de cableado de alta tensión en uno de los ecosistemas más vírgenes del planeta, le deja a uno paralizado. Cuesta imaginar qué clase de persona puede planear algo así y luego dormir tan tranquilo. Bueno, a lo mejor no cuesta tanto, pero la imagen que de este sujeto nos podría venir a la cabeza no sería la del director de una empresa cuyo eslogan reza: “para los hijos de tus hijos”. Sino más bien la de un mafioso, un estafador, un trilero que con sus juegos de manos pretende desviar nuestra atención para llenarse el bolsillo de monedas y llegar a casa tan tranquilo.
Pero es que a lo mejor, este pobre directivo no duerme tan tranquilo. A lo mejor sufre del peor de los insomnios y de la mayor de las angustias. Tal vez, lo que el querría sería dejar la Patagonia tal y como está pero son los accionistas los que empeñan en inundarlo todo.
- Esos egoístas sin escrúpulos, pensará el pobre hombre.
Quizás por eso ha ordenado a sus chicos de marketing que inmediatamente digan en su web esas cosas tan bonitas y tan verdes que él piensa
“El desarrollo sostenible es y será parte consustancial de la estrategia y de las políticas y operaciones de la Compañía”… “La preservación del medio ambiente es un criterio permanente integrado en la gestión de nuestra Empresa y en nuestra toma de decisiones”
Y además de esto, que hagan un anuncio con muchos niños y muchos animalitos, uno donde “nuestros hijos” nos pregunten “si acaso existe algo más apasionante que cambiar el mundo” y que pongan un plano, que si no es de La Patagonia, se le parezca mucho.
¿Será entonces que es realmente una víctima?. O eso, o es que además de mafioso y estafador es un mentiroso.
Greenpeace ha pedido que les reciban para salir de dudas. Pero desde Endesa se niegan en redondo. Por eso han hecho otro anuncio. Uno que es en realidad una carta, que en nombre de todos, pide a Endesa que, si realmente piensan en los “hijos de nuestros hijos”, no acaben con La Patagonia, uno de los últimos tesoros que aún podemos darles.
martes 22 de julio de 2008
lunes 7 de julio de 2008
Este verano, muchos viajes pero muy cortos.

Pablo Picasso. Joven mujer leyendo un libro en la playa. 1937
Cruceros por los ríos de Marte, excursiones por la sabana, viajes al futuro, o paseos a caballo por la campiña francesa . Estas son solo algunas de las ofertas que se presentan para este verano. Desde luego suenan bien y el precio tampoco será problema, todos los trayectos cuestan entre cinco y doce euros. Bastante más barato que ir a la caza de un trozo de arena en alguna de nuestras atestadas playas. Y si sois de esos afortunados que van a uno de esos lugares donde la naturaleza aún no convive con el hormigón, pues no importa, la mayoría de los viajes que propongo están en edición de bolsillo.
Además como de lo que se trata es de cuentos, ninguna de las propuestas os tendrá ocupados más de un hora, así que tendréis tiempo para el chiringuito, la tortilla, e incluso para leer alguna novela.
Os adjunto una lista completa y os deseo a todos una feliz estancia.
CUENTOS PARA EL VERANO
Dile a las mujeres que nos vamos. Raymond Carver
Dentro de: De qué hablábamos cuando hablábamos de amor. Editado por Anagrama
Es un cuento duro y cruel que, como el resto del libro, habla de los sentimientos de derrota que se esconden en la vida cotidiana. Sentimientos que a veces pueden conducir a la violencia más extrema
La pandilla del leopardo. George Makan
Dentro de: Zoetrope. Editado por Zoetrope All Story
La pandilla del Leopardo es la historia de un amor adolescente en el contexto de una revolución. Es tierno y trágico al mismo tiempo
Robbie. Isaac Asimov
Dentro de :Yo Robot. Hay quince ediciones, la última Edhasa 2007
Todo el libro es genial, así que no perdáis oportunidad de leerlo. Con la película sólo comparte el título, por lo demás nada que ver
La botella de plata. Truman Capote
Dentro: Cuentos completos. Editado por Anagrama
Es un cuento mágico, tierno y maravilloso que está escrito con una sutileza incomparable
Bartleby el escribiente. Herman Melville
Se vende por sí solo. Editado por Alianza editorial
Es un clásico de la narrativa norteamericana, además de todo un manual de pasotismo elegante para aplicar con el jefe de turno
El otoño en el delta. William Faulkner
Dentro de: Los mejores cuentos de la literatura norteamericana. Editado por Galaxia Guttemberg
Esta recopilación es un joya. Aunque es un poco cara, la selección de cuentos que ha hecho Richard Ford (autor de “El Periodista Deportivo”) es fabulosa. Es un gran regalo. Por sí solo da para casi todo el verano
La conversión de los judios. Philip Roth
Dentro de: Los mejores cuentos de la literatura norteamericana. Editado por Galaxia Guttemberg
“Nochebuena” y “La alambrada . Eduardo Galeano
Dentro de : El libro de los abrazos. Editado por Siglo XXI
Estos son los cuentos más bonitos, más cortos, más tristes y con más verdad de todos los que os recomiendo. El libro de los abrazos es una de esas rarezas que cuando te caen en las manos esperas que nunca se terminen.
Cordero Asado. Roald Dahl
Dentro de Relatos de lo Inesperado. Editado por Anagrama
Como todo lo que escribió Rold Dahl, este cuento está cargado de imaginación, magia y humor negro
El Chico que hablaba con los animales. Roald Dahl
Dentro de: Historias Extraordinarias. Editado por Anagrama
Si cabe, un cuento más mágico que el anterior. Tiene todo el sabor de otras historias de Dahl, como James y el Melocotón Gigante
Las babas del Diablo. Julio Cortazar
Dentro de: El perseguidor y otros relatos. Editado por Anagrama
Es el relato en el que se basó Antonioni para hacer Blow Up. Denso, desconcertante y genial
La tercera expedición. Ray Bradbury
Dentro de: Crónicas Marcianas. Editado por Ediciones Minotauro
Tanto el cuento, como el libro en general son, en mi opinión, de lo mejor que se ha escrito nunca en ciencia ficción. Algunos de los cuentos dan miedo de verdad
La biblioteca de Babel. Jorge Luís Borges
Dentro de: Ficciones. Editado Alianza por Editorial
Aparte de ser una historia claustrofóbica y aterradora, este cuento es de la clase de los que te dejan pensando durante una temporada larga, incluso puede que durante toda la vida
Nos han dado la tierra. Juan Rulfo
Dentro de: El llano en llamas. Editado por Anagrama
A mi este cuento siempre me trae a la cabeza la estrofa de Manu Chao que dice “por el suelo camina mi pueblo, por el suelo sufriendo condena…”. Creo que es así porque el cuento y la canción hablan, en cierto sentido, de lo mismo, de los pueblos condenados sufrir los designios de otros, de los pueblos condenados a no ser pueblos
Una reseña de Paul Atreides
Además como de lo que se trata es de cuentos, ninguna de las propuestas os tendrá ocupados más de un hora, así que tendréis tiempo para el chiringuito, la tortilla, e incluso para leer alguna novela.
Os adjunto una lista completa y os deseo a todos una feliz estancia.
CUENTOS PARA EL VERANO
Dile a las mujeres que nos vamos. Raymond Carver
Dentro de: De qué hablábamos cuando hablábamos de amor. Editado por Anagrama
Es un cuento duro y cruel que, como el resto del libro, habla de los sentimientos de derrota que se esconden en la vida cotidiana. Sentimientos que a veces pueden conducir a la violencia más extrema
La pandilla del leopardo. George Makan
Dentro de: Zoetrope. Editado por Zoetrope All Story
La pandilla del Leopardo es la historia de un amor adolescente en el contexto de una revolución. Es tierno y trágico al mismo tiempo
Robbie. Isaac Asimov
Dentro de :Yo Robot. Hay quince ediciones, la última Edhasa 2007
Todo el libro es genial, así que no perdáis oportunidad de leerlo. Con la película sólo comparte el título, por lo demás nada que ver
La botella de plata. Truman Capote
Dentro: Cuentos completos. Editado por Anagrama
Es un cuento mágico, tierno y maravilloso que está escrito con una sutileza incomparable
Bartleby el escribiente. Herman Melville
Se vende por sí solo. Editado por Alianza editorial
Es un clásico de la narrativa norteamericana, además de todo un manual de pasotismo elegante para aplicar con el jefe de turno
El otoño en el delta. William Faulkner
Dentro de: Los mejores cuentos de la literatura norteamericana. Editado por Galaxia Guttemberg
Esta recopilación es un joya. Aunque es un poco cara, la selección de cuentos que ha hecho Richard Ford (autor de “El Periodista Deportivo”) es fabulosa. Es un gran regalo. Por sí solo da para casi todo el verano
La conversión de los judios. Philip Roth
Dentro de: Los mejores cuentos de la literatura norteamericana. Editado por Galaxia Guttemberg
“Nochebuena” y “La alambrada . Eduardo Galeano
Dentro de : El libro de los abrazos. Editado por Siglo XXI
Estos son los cuentos más bonitos, más cortos, más tristes y con más verdad de todos los que os recomiendo. El libro de los abrazos es una de esas rarezas que cuando te caen en las manos esperas que nunca se terminen.
Cordero Asado. Roald Dahl
Dentro de Relatos de lo Inesperado. Editado por Anagrama
Como todo lo que escribió Rold Dahl, este cuento está cargado de imaginación, magia y humor negro
El Chico que hablaba con los animales. Roald Dahl
Dentro de: Historias Extraordinarias. Editado por Anagrama
Si cabe, un cuento más mágico que el anterior. Tiene todo el sabor de otras historias de Dahl, como James y el Melocotón Gigante
Las babas del Diablo. Julio Cortazar
Dentro de: El perseguidor y otros relatos. Editado por Anagrama
Es el relato en el que se basó Antonioni para hacer Blow Up. Denso, desconcertante y genial
La tercera expedición. Ray Bradbury
Dentro de: Crónicas Marcianas. Editado por Ediciones Minotauro
Tanto el cuento, como el libro en general son, en mi opinión, de lo mejor que se ha escrito nunca en ciencia ficción. Algunos de los cuentos dan miedo de verdad
La biblioteca de Babel. Jorge Luís Borges
Dentro de: Ficciones. Editado Alianza por Editorial
Aparte de ser una historia claustrofóbica y aterradora, este cuento es de la clase de los que te dejan pensando durante una temporada larga, incluso puede que durante toda la vida
Nos han dado la tierra. Juan Rulfo
Dentro de: El llano en llamas. Editado por Anagrama
A mi este cuento siempre me trae a la cabeza la estrofa de Manu Chao que dice “por el suelo camina mi pueblo, por el suelo sufriendo condena…”. Creo que es así porque el cuento y la canción hablan, en cierto sentido, de lo mismo, de los pueblos condenados sufrir los designios de otros, de los pueblos condenados a no ser pueblos
Una reseña de Paul Atreides
Steve Munford. Viñetas de la vida real y la muerte real


Marines en la mesa de operaciones, insurgentes que te miran a los ojos segundos después de haber volado un Humvee, sospechosos encapuchados camino de quién sabe qué cárcel y de quién sabe qué destino. Escenas que ya hemos visto y que, por desgracia, vemos cada día.
Pero pocas veces de esta manera.
Las televisiones, los periódicos, nos las sirven preparadas para ser consumidas sin necesidad de masticar. Por lo general se trata de montajes de imágenes insípidas y aisladas de un contexto concreto que más parecen responder a la lógica de la narrativa radiofónica que a la de los medios audiovisuales. Esto significa que las imágenes frecuentemente están ahí para cubrir lo que el locutor dice y no aportan nada más allá de las palabras. Y aún cuando lo hacen, rara vez consiguen transmitirnos algo relacionado con los sentimientos de los seres que vemos en ellas. Dicho de otra forma, estas imágenes deshumanizan a los hombres y mujeres que nos muestran y lo que es peor, crean un compartimento estanco entre sus sufrimientos y sus pasiones y nuestra sensibilidad.
Hasta aquí nada nuevo, pero resulta reconfortante y a la vez desolador saber que hay quien, como James Nachtwey , utiliza la forma de comunicación más genuinamente humana para acercarnos el alma de aquellos que sufren. Esta forma de comunicación se llama arte y es justamente lo que hace Steve Munford con sus dibujos.
Al respecto de su trabajo como “periodista” en Irak se han dicho muchas cosas. Se le acusa de que, cuando retrata el sufrimiento de los soldados americanos, toma partido por los promotores de una guerra criminal e injusta. Yo creo más bien que cuando lo hace toma partido por el género humano. Se dice también que en sus dibujos ha olvidado a los torturados en Abu Ghraib o los secuestrados en el limbo de Guantánamo.
Es cierto, pues aunque a nadie se le ocurriría criticar a un reportero gráfico por no cubrir en imágenes todos los aspectos de un conflicto, Munford ha elegido una herramienta mucho más universal que el periodismo, y eso conlleva ciertas responsabilidades. Quizás, otros artistas como Fernando Botero le han dejado en evidencia.

Fernando Botero
Pero aún admitiendo que Munford ha sido, en este aspecto, parcial, su trabajo merece el reconocimiento de los que nos acercan la realidad en su forma menos objetiva pero más sentida. Merece que reconozcamos que a través de sus ojos estamos un paso más cerca de terminar con el sinsentido. Porque para acabar con el horror el primer paso es conocerlo, comprenderlo y poder comunicarlo a aquellos que tenemos a nuestro alrededor.
Más información sobre Steve Munford en:
http://www.artnet.com/magazine/features/baghdadjournal.asp
Más imágenes sobre Fernándo Botero y Abu Ghraib en:
http://www.marlboroughgallery.com/artists/botero/artwork.html
Más información sobre James Nachtwey en:
http://www.jamesnachtwey.com
O revisando el artículo "Witness" en este mismo blog
Una reseña de Néstor Hernández
sábado 14 de junio de 2008
El Final. Un microrelato de William Saïd

- ¿Lo ves?
- Lo veo
- Es bonito ¿verdad?
- Sí, precioso
- ¿qué diría papá si lo viera?
- Papá está muerto
- Ya, pero ¿y qué diría si lo viera?
- Diría que te calles y sigas andando
- No, mentiroso, papá no diría eso
- No, la verdad es que no diría eso
- ¿qué diría entonces?
- Diría que es un final
- Pero un final bonito ¿verdad?
- Sí… un final bonito
- Estoy cansado
- Ya falta poco
- ¿Cuánto es poco?
- Poco
- Tú siempre dices poco, papá no decía poco, papá…
- Vale, vale, ¿quieres que te lleve a hombros?
- Sí
- ¿Mejor ahora?
- Sí mejor….pero ¿qué pasará si nos cogen?
- Que nos matarán
- ¿los amigos de papá?
- Sí, los amigos de papá
- ¿Y crees que nos encontrarán?
- No, no creo
- Y ¿por qué no?
- Ya te lo he dicho, porque es un final bonito
Fotografía Albert Watson
© Todos los derechos reservados.
lunes 10 de marzo de 2008
El rapero Porta. Fotografías de Wiiliam Saïd





La serie de Myspace "En Boca de Tantos" puede verse en:http://www.myspace.com/enbocadetantos
© Todos los derechos reservados.
sábado 26 de enero de 2008
Anselm Kieffer. Exposición temporal en el Museo Guggenheim, Bilbao.

Al cruzar la puerta, cuando todavía no ha dado tiempo a que las maravillosas líneas arquitectónicas trazadas por Frank Ghery se borren de tu retina, un campo gris, yermo e infinito se te clava en el alma. Es un cuadro, pero podría ser una poesía, una epopeya que narrase la vulnerabilidad de los hombres ante la eternidad del cosmos que los rodea. Es imposible abarcar esta obra de un sólo golpe de vista así que hace falta contemplarla con cuidado, sentirla, acariciar sus texturas con los ojos e imaginarte que es tu piel, que son tus manos las que se posan sobre las rugosas manchas de pintura y madera que impregnan la tela. Avanzas unos pasos más y esa visión, ese paisaje que antes estaba frente a ti, ahora te rodea, todas la paredes se han llenado de vida o mejor dicho de lo que fue vida. Ramas, hojas, fragmentos de madera, animales que parecen disecados son ahora parte indivisible de una estética dramática y apasionante al mismo tiempo.
En el centro de la sala unos zapatos en el lienzo parecen indicar que aquí comienza nuestro camino, aquí donde nada vive y a la vez nada está muerto. Porque lo que fue soporte de vida, ahora se ha convertido en soporte de ese deseo que permite al hombre abarcar la inmensidad del tiempo en una sola mirada, en un solo instante, en ese soporte que conocemos como arte.

Y alrededor de este camino aparecen dibujadas las estrellas, un firmamento compuesto por las caprichosas líneas de ramas y plantas que delimitan a su vez las formas que nuestra mente ha dibujado en el cielo y ha llamado constelaciones.
Esto podría entenderse como un enfrentamiento dialéctico entre forma y significado, entre poesía y filosofía, entre lo que en el hombre hay de cultura y lo que hay de naturaleza. Pero de este enfrentamiento no surge ninguna ruptura sino que tiene como resultado un discurso que habla de nuestra propia vulnerabilidad ante lo infinito , y la necesidad que tenemos de fragmentar la realidad a base de esquemas lógicos para abarcar aquello que no comprendemos.

Y es que Kieffer es un alquimista, trabaja la materia y le da forma hasta tal punto que nos permite contemplar su esencia. Basta con detenerse frente a cualquiera de las instalaciones de la muestra para darse cuenta de que mucho más allá de lo que plantea el artista, son los materiales los que nos hablan. Las camas de plomo de una suavidad imposible o las muros de hormigón que se derrumban a tan sólo unos pasos de nosotros, son elementos inertes pero de alguna manera han cobrado vida de la mano del mago, del químico, del artista.

Crítica de Néstor Hernández
© Todos los derechos reservados.
domingo 2 de diciembre de 2007
yashmine. Un relato de William W Saïd.

-¿quieres que te chupe la polla?
- no, chúpasela a él primero, yo miro.
Supongo que suena obvio pero que me la chupen me relaja y para mi estar relajado es bastante importante.
Un regimiento de médicos y un millón y medio de pruebas para ver por qué cojones de vez en cuando alguien tenía que recogerme de la calle y plantarme en el hospital con los pantalones meados y la cabeza abierta por un par de sitios.
Electro cardiogramas, encefalogramas, pruebas del sida, de la enfermedad de Hoch, alergias, equilibrio, pruebas psiquiátricas… si hasta me metieron un dedo en el culo para ver si mi próstata estaba en armonía con el peso de mis cojones. Y ¿para qué? Para decirme que tenía crisis idiopáticas, es decir que no tenían ni puta idea de por qué de vez en cuando mi arteria aorta se contraía, impedía el riego sanguíneo a mi cerebro, y mi nariz acababa estrellándose contra el suelo.
–Relájate, evita las situaciones estresantes y haz vida sana.
Me lo he tomado al pie de la letra. Me la meneo y fijo mi atención en como se mueven sus tetas mientras se la come a mi amigo. Pienso que debería dejar de tomar tantas pastillas y hacer esto más a menudo.
La otra se acerca por detrás y suavemente introduce su lengua en mi culo, esto no me lo esperaba, ha sido a traición, no puedo evitar correrme de golpe. A mi amigo no le ha hecho mucha gracia que le llene la pierna de semen pero ella, muy atenta, soluciona el problema rápidamente y vuelve a lo suyo.
Por la mañana me las encuentro charlando junto a la máquina de café, me saludan con la mirada y siguen hablando como si nada. Supongo que mi cara no les dice nada que mi polla no les haya contado ya.
Un crédito hipotecario, un aval incumplido, y un par de expropiaciones por impago, y eso sólo hasta las doce. En algún momento he pensado en dejar todo esto e intentar escribir de nuevo, quiero decir escribir cosas como “Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío alma mía. Lo- li-ta…” Quiero decir escribir cosas que al leerlas te parezcan tan buenas que incluso tu mismo pudieras creer que han sido escritas por otro.
Pero es difícil abandonar la vida de ocho a tres, las compañeras guarras que te piden que las encules para intentar olvidar que empiezan a querer ser mamas, y los lunes borrosos de los que es imposible acordarse. Además, en realidad sigo escribiendo sólo que ahora me conformo con unas líneas en alguna servilleta, y con los informes que hago sobre la pobre gente a la que me toca engañar.
- Samuel, Samuel….
La voz aguda de mi jefe me perfora los oídos y me hace volver al mundo real. Quiere saber algo acerca de algo que no me interesa lo más mínimo, de hecho me está estresando, creo que voy a tener que hacer que deje de hablar. Me levanto de la mesa, le pongo la mano sobre el hombro y me lo llevo a tomar un café. Le digo que deberíamos ir a tomar algo un día de estos, me mira con cara rara, como diciendo ¡eh!, que no soy gay, yo sonrío echo una mirada rápida a la mesa de contabilidad y le cuento como se las gastan esas chicas tan majas con faldas de Zara y camisetas de H&M. Se le alegra la cara y decide darme la mañana libre.
– ¡¡qué demonios, tienes que cuidarte!!
Así que me cuido, son las doce y cuarto una hora perfecta para llamar a Yashmine.
El día que la vi por primera vez, la nieve caía como suspendida en el tiempo. Un personaje de Pamuk hubiese dicho que esto le traía a la mente la idea de Dios, seguramente tendría razón pero yo sólo soy el hijo ateo de un judío ateo, así que recordándolo creo que para mi esa nieve fue más que nada un elemento diferenciador para el día en que mi vida empezó a ser diferente.
Cuando la conocí trabaja en una de esas cafeterías donde puedes pedir un cubata a cualquier hora sin que nadie te mire raro.
Sólo han pasado unos meses pero ya casi había olvidado que pensé que aquella chica no pegaba mucho con el lugar, que era demasiado guapa, demasiado lista, y demasiado árabe para un sitio como ese. Pero ese pensamiento duró sólo un segundo porque en cuanto ella me sonrío y me acaricio la mano con los dedos al pasar la bayeta por la barra mi mente voló con la facilidad de una cometa hasta el momento en que la tendría desnuda sobre la cama.
El teléfono móvil suena en el bolsillo derecho de Yashmine, lo coge, le digo que estaré allí en quince minutos, que me espere.
En cuanto me ve entrar se quita el delantal y entra en el almacén, yo la sigo. Antes de que se me tire encima le digo que me lo explique otra vez. Intento fingir que me interesa de verdad, la idea de judío renegado le pone realmente cachonda
Me coge la mano y se la pone en el coño mientras hace lo propio con mi polla. Me habla de la Yihad, del fin del imperialismo estadounidense controlado por el lobby sionista, -hay que hacer algo, Dios ha puesto a nuestro alcance el arma definitiva y debemos utilizarla.
A partir de aquí no me entero de mucho, estoy tan excitado que tengo miedo de correrme en cualquier momento, ella dice guerra santa y yo digo chúpame la polla. La Yihad empieza en mi estómago y me recorre todo el cuerpo como un impulso eléctrico que acaba en la punta de mi polla para convertirse en un chorrito indecente. Creo que la cantidad le ha parecido ridícula, pero aun así con gesto serio dice-Ala es grande… yo pienso que a lo mejor no era tan buena idea lo de tomar menos pastillas y hacerme tantas pajas.
Después de dejar a Yashmine paseo un rato de bar en bar. A las seis de la tarde llego a casa y me caigo rendido en la cama.
Llaman a la puerta. No se cuanto tiempo he dormido, pero por lo que me cuesta levantarme parece que hubieran sido quince años. Siguen llamando, empiezan a ponerme nervioso, pienso que quien sea se está ganando una buena hostia. Abro y me encuentro con un ejército de policías a punto de tirar la puerta abajo.
Me preguntan por Yashmine, por la Yihad, y por mucha gente a la que no conozco. Hablan todos a la vez, me enseñan fotos horribles,
-hijo de puta-
Dicen, ha habido un atentado. Alguien ha volado por los aires el edificio donde trabajo, pienso en las chicas de contabilidad con sus grandes tetas hechas añicos. Es demasiado, se me nubla la vista, los pantalones se me mojan y mi nariz se estrella contra el suelo.
Abro los ojos, veo a Ricard, esto me desubica, la última vez que le vi, estaba desnudo y con el coño de una negra en la boca.
Me dice que no, que no estamos en “Le Voyeaur”, que esto es un hospital, y que es policía. Intenta parecer simpático, pero se le nota bastante jodido, me imagino que piensa que no debía haber practicado la doble penetración con un judío renegado convertido a terrorista islámico.
Después de trece días detenido no tienen más remedio que mandarme a casa, parece que el miedo a la democracia no se ha extendido tanto como para que haberte follado un par de veces por detrás a una palestina y ser el único superviviente de un atentado pueda ser considerado un delito en si mismo. Todo llegará.
En los siguientes días pensé que algún idiota en el departamento de policía todavía no se había enterado de que el estado de derecho quedó herido de gravedad en Sabra y Shatila y murió a los pocos meses en el consejo de seguridad de la ONU. O eso o realmente es que ser inocente cuenta para algo.
De todas formas ha sido horrible, me han tenido todo el tiempo con las manos esposadas a la espalda y no he podido hacerme ni una triste paja, tengo los cojones como una caja de ahorros.
Llego a casa, han destrozado todo, no han respetado ni las sábanas, así que cojo lo que puedo y me voy a un hotel. No entiendo bien lo que está pasando pero estoy seguro de que Yashmine es inocente, una chica con ese par de tetas no puede ser capaz de hacer daño a nadie.
En la recepción una furcia me saluda con la mano, yo le sonrío mientras descubro que el ascensor no funciona. Subo por las escaleras. Algunas luces están apagadas y otras parpadean como en una película de terror. Entro en mi habitación y me quedo petrificado ante la imagen de Yashmine tumbada en mi cama, desnuda.
Dice que me ha seguido, que está asustada, que me la folle. Lo hago.
Cuando enciende su cigarro la llama de su mechero me recuerda a una película de David Lynch, se lo digo, ella no dice nada. Me mira y me acaricia mientras pega una fuerte calada a su pitillo.
– Tienes que ayudarme-.
Me explica que es una víctima, que son unos racistas, que esto es un complot más del occidente imperialista en el que vivimos, que ya no hay moral, que nos hemos perdido de la mano de Dios. Le digo que la creo, que no se preocupe, que la ayudaré, que todo se aclarará, que me chupe la polla.
Le doy todo el dinero que tengo, ella sale de la habitación, hemos quedado que lo mejor es que desaparezca por un tiempo mientras intento convencer a Ricard y sus amigos de que esta chica es un ángel y de que su yihadista está en otra parte.
Entro en el despacho de Ricard, me recibe sin mucha alegría, creo que mi visita le compromete. Le cuento que la he visto, que se ha ido y que no se dónde está. Él me mira duramente, como si fuera a dispararme. Se levanta y mete una cinta en un viejo VHS. Parece la grabación de una cámara de seguridad. La imagen esta dividida en cuatro fragmentos pero no tardo en darme cuenta de que se trata del edificio en el que trabajo, es decir, trabajaba.
Ricard señala la pantalla, Yashmine entra en el hall con mi amigo, mi compañero de orgías, aquel al que llene la pierna de leche. Se acercan al control de seguridad y saludan al vigilante que sale del mostrador. Los tres caminan juntos y entran en el cuarto de servicio. En su interior la cámara se colocó para que ninguna ecuatoriana sacara material de la empresa por la puerta de atrás, así que lo único que se puede ver es el balanceo de la larga melena de Yashmine. Su cabeza sube y baja, sube y baja. Se para. Mi amigo sale a escena y el de seguridad ocupa su lugar. Parece que Yashmine tiene un talento especial, no le aguantan ni un minuto.
Mientras tanto otra cámara de seguridad muestra a un grupo de hombres que corren por el hall dejando caer mochilas por todas partes. Tras unos segundos una gran luz y la imagen se va a negro.
Ricard dice que hasta hace un minuto creían que ella también había muerto, yo le digo que ella no tiene nada que ver, que sólo pasaba un buen rato, aunque la verdad es que empiezo a dudarlo.
Salgo de la comisaría y comienzo a andar. La gente pasa deprisa, parecen asustados, una mujer y su hija lloriquean frente a un escaparte donde pasan las imágenes del atentado. Doscientos, trescientos muertos qué más da, no lloran por eso, quizás lo piensan, pero no es así. Alguien ha roto su ilusión de seguridad, alguien les ha hecho protagonistas del telediario, alguien les ha enseñado que el terror es ida y vuelta. Por eso lloran y por eso revisan las listas de oficiales de muertos y heridos, todos quieren saber si tienen derecho a sentirse atacados a sentirse furiosos, a sentirse víctimas.
Las calles están cada vez más vacías, está oscureciendo y las luces de las grúas y las sirenas dan al lugar un aspecto ficticio. Parece una película, pero el cráter es real, la destrucción es real, y los cuerpos que no paran de salir de entre los escombros también son reales. La mayoría de la gente con la que follaba ha muerto en este edificio, supongo que este no será un buen fin de semana en “Le Voyeaur”.
De pronto me viene a la cabeza la idea de que la explosión ha debido destruir la base de datos del banco. Trabajadores, jóvenes, ludópatas, y parejas llenas de ilusión frustrada tendrán un par de semanas de respiro, luego alguien llamará a su puerta y les caerá encima con intereses.
En la habitación del hotel hace frío y las sábanas están húmedas. Llaman a la puerta, la furcia del hall quiere que le ayude a subirse la cremallera del vestido, le pregunto que cuanto cuesta bajarla del todo. Se enfada y sale dando un portazo.
El teléfono móvil me despierta a las ocho de la mañana. La voz me resulta familiar pero no le pongo cara hasta que comienza a farfullar algo acerca de una liquidación a su favor de no se qué doble hipoteca. Le cuento que no puedo hacer nada que ha habido un atentado que todo ha volado por los aires. Lo entiende pero no es su problema, quiere poner una reclamación,
- tengo mis derechos, para cobrar nunca tuvieron problemas-
-está bien le digo, tomo nota-
-no, no tome nota, quiero hablar con su jefe-
- ha muerto le digo-
-pues con el jefe de su jefe-
- también ha muerto-
-Pues denme un número de fax.
Mientras me lo invento me doy cuenta de que seguramente todos los que estaban por encima de mi han muerto así que este gilipollas esta hablando con el director general, el director de marketing, el consejero delegado y alguna cosa más. Se lo digo, me toma por loco, y cuelga hecho una furia.
Salgo a dar un paseo, paso frente a la cafetería donde solía trabajar Yashmine. Ya no hay policía, la gente bebe sus whiskies a las diez de la mañana como siempre lo ha hecho. Entro y pido uno doble, su sabor me recuerda a Yash, la verdad es que la echo de menos.
De vuelta al hotel pregunto en la recepción por la furcia que suele pulular por ahí. Me dicen que reside en la habitación 723. Llamo a su puerta, le pido mil disculpas, le digo que paso por un momento emocional muy delicado, todos mis compañeros acaban de morir. Lo comprende, me ofrece su ayuda para lo que necesite y la acepto. No se puede entrar sin pareja en “Le Voyeaur” así que le pido que me acompañe.
A las diez la recojo en su habitación y la monto en un taxi. En los vestuarios se quita la ropa y la dobla muy pulcramente. Ha debido ser una belleza. Tiene los pechos algo caídos y su cuerpo ya no es el que era, pero aun así, todavía sigue teniendo un buen polvo.
El lugar está más animado de lo que pensaba. Un hombre de unos sesenta años da por el culo a una mujer que grita como si la estuviesen matando. Varios hombres conversan mientras sus mujeres les chupan la polla. Yo y la furcia nos sentamos en la barra y pedimos una copa. Un tipo negro y su mujer se sientan junto a nosotros y se presentan. Parecen simpáticos. La furcia dice que estoy triste, que lo mejor sería que empezáramos por una doble penetración. Me parece coherente. Mientras paso los dedos por el pequeño espacio que hay entre su coño y culo me fijo en la cara de una chica morena que se baña en uno de los Jacuzzis. Me recuerda a Yashmine. Meto la polla en el culo de la furcia y el negro hace lo propio en el otro orificio. Pero la morena me ha robado la atención, así que hago un esfuerzo, me concentro y consigo correrme en un tiempo relativamente corto. Me despego de la grupa de la furcia y me acerco al Jacuzzi.
No hablamos mucho antes de decidir que es mejor que vayamos a su casa ella y yo solos. La furcia intenta parecer ofendida pero con tantas pollas alrededor su actitud resulta ridícula.
Sobre su cama, mientras me quita la ropa me dice que se llama Jezabel, me habla de la Yihad, del lobby americano sionista, todo esto me suena, ya me lo habían contado, pero antes de decir nada, espero a que me la coma, no quiero que se sienta decepcionada.
Mientras enciende su cigarro le digo que conozco a Yashmine, me mira con cara de susto y se levanta de la cama.Tiene un culo espectacular.
Vuelve con un teléfono en la mano, me lo pasa, la voz de Yashmine dice- ¿Samuel, eres tú?
Durante el viaje no hablamos mucho, aun así consigo que me la chupe un par de veces. Cambiamos de coche y de dirección tantas veces que es imposible que nos hayan seguido.
Llegamos a una casa en el medio de la nada, está desvencijada, parece que no hubiera vivido nadie en ella en cien años. Yashmine sale a recibirnos. Me mete la lengua hasta la garganta, la abrazo, le digo que la quiero.
Dentro la televisión ladra a todo volumen las noticias de las nueve; la policía busca a Yashmine, piensan que tiene cómplices, que existen otras células durmientes.
Sentada sobre mis rodillas Yashmine me pide disculpas por haberme engañado, dice que todo esto no ha podido ser una casualidad, que Alá es grande y que ahora está segura de que soy el elegido. Jezabel asiente desde su butaca. No se exactamente para que me han elegido pero estoy en el paraíso.
Por la mañana voy a buscar el desayuno y algunos periódicos. Me detengo en un bar de carretera, me siento y me bebo un café a sorbos, muy lentamente. Una idea empieza a invadirme la cabeza. Cojo una servilleta y escribo tan rápido como si alguien sentado a mi lado me estuviese dictando:
- Has probado a meterle a alguien la pistola por el culo. Los gurkas lo hacían con los soldados argentinos en las Malvinas. Y joder funcionaba, corrían como cabrones en cuanto los escuchaban chapotear en el barro de la playa.
Din, dang, dung, la cojo y le doy por el culo, y la muy puta se resiste. No se da cuenta que estoy aquí para ayudarla, que desde ahora ninguno de estos putos tiñosos se acercará a ella, que podrá criar a sus hijos, que la libertad tiene un precio, que soy su príncipe azul, su príncipe de casco azul.
Decido que se llamará “El príncipe azul” y que por fin tengo el principio de una buena novela. La camarera me interrumpe dejando una bolsa de cartón sobre la mesa, la cojo y pago la cuenta. Antes de salir veo que varios policías preguntan a la gente mientras les muestran fotografías. Arranco el motor y doy media vuelta. Tengo que avisar a las chicas.
Por la carretera todo parece tranquilo, los árboles pasan deprisa, como queriendo escaparse de mi. Cojo la desviación hacia la casa. Freno en seco. Yash y Jezabel vienen corriendo hacia mí, casi las atropello. Veinte policías disparan al aire y gritan que nos detengamos. Las chicas suben al coche, doy la vuelta y acelero. Un coche patrulla nos corta el paso, Ricard y dos agentes se parapetan tras el con sus rifles en la mano. Sonríen, creo que es porque saben que me han engañado, todos sabían que el estado de derecho había muerto pero me hicieron creer que algunos lo habían olvidado. Piso a fondo y lo embisto. La cabeza de Ricard rompe el parabrisas y su sangre se suspende unos instantes en el continuo espacio tiempo para caer en la cara de Yashmine. Su mano se posa sobre mi entrepierna, la miro, me sonríe. Se me nubla la vista, pero antes de desmayarme tengo una erección, la más grande de mi vida.
El piso franco es en realidad un antiguo almacén. Me despierto excitado, una chica me come la polla mientras otra me chupa los huevos.
Dicen que en el paraíso te esperan siete vírgenes, no creo que estas lo sean pero desde luego son muchas más de siete. Yash y sus amigas son preciosas y están todas desnudas. Dicen que me relaje. Así que me vuelvo a recostar y les dejo que terminen con lo que estaban haciendo.
Yashmine y yo retozamos acurrucados en una cama mientras me susurra al oído el plan y porque yo soy el elegido.
Por la mañana una de las chicas prepara la cámara mientras otras grapan en la pared un gran pañuelo con símbolos del Islam que servirá de fondo para la filmación.
Antes de comenzar a grabar las chicas se ocupan de que tenga el arma bien dura y de que todos sus pañuelos estén en su sitio.
Comienza la grabación. Yashmine saca una gran jeringuilla y me la inyecta en la polla, estoy a punto de desmayarme pero hago un esfuerzo, al fin y al cabo soy el elegido así que no puedo fallar en esto. Cuando termina todas comienzan a rezar. Paran. Yashmine dice grandes cosas sobre la opresión y el imperialismo, grita y las demás asienten como el coro de los esclavos de Nabucco.
No puedo evitar pensar que todo esto es demasiado. Judío, ateo y follador; no estoy seguro de dar la talla para ser el elegido.
Al principio fue fácil. Clubs de intercambio de todo el país. Mientras yo follo mis amigas agujerean condones, extienden mi semen sobre los consoladores y mantienen a los chicos ocupados para que yo pueda hacer la Yihad en el culo de sus mujeres. Y por el camino, bares de carretera llenos de zorras pueblerinas meneando sus grandes tetas sobre el retrete mientras las ensarto hasta el fondo, parejas hastiadas que caen redondas ante la idea de montarse una fiestecita conmigo y con mis amigas.
Pero las noticias vuelan y la nueva enfermedad se ha extendido muy rápido.
Uno de los primeros síntomas del virus es que empiezas a perder el control sobre tu voluntad, lo que teniendo en cuenta la clase de víctimas que elegimos contribuyó bastante a propagar la enfermedad y a permitir las primeras mutaciones.
Después fiebre, dolor de cabeza y a las dos semanas un imperialista menos.
Ahora es más complicado, las autoridades han decretado el estado de emergencia y se afanan por encontrar la primera cepa para poder desarrollar una retro vacuna.
Con las nuevas mutaciones, el virus también se extiende por el aire así que no creemos que este país dure más de cinco semanas.
La gente ha empezado a abandonar sus casas, los perros vagan por las calles formando grandes manadas. El ejercito tira a matar para evitar saqueos y restablecer la seguridad ciudadana.
Yashmine, y las chicas miran en los informativos el vídeo que grabamos. Las imágenes van acompañadas de otras que muestran hospitales atestados y mujeres que se tiran de los pelos en los entierros de sus hijos y nietos.
Yashmine dice:
-ahora son ellos los que sufren, ahora son ellos los muertos de hambre, los que parecen desquiciados implorando a su Dios por un poco de consuelo.
Es hermoso escucharla hablar, realmente creo que la quiero.
Intento a volver a mi cuaderno, a mi novela, no he podido escribir mucho, he estado ocupado, pero de todas formas estoy contento con lo que leo:
- La mañana es dulce y el viento agita la selva que por momentos parece que se va a rebelar arrebatándole de nuevo a la ciudad lo que un día fue suyo.
Cuando recorrí estas marismas por primera vez hacia la guerra en misión de paz, me follaba a sus mujeres gratis. Desde que los otros chicos de azul se fueron me las follo por dinero. Soy lo que llaman un aturdidor, me deslizo entre las líneas rebeldes y les mino la moral donde más les duele, en los coños de sus mujeres, y creedme no hace falta gastar muchas balas para hacer esto.
Un sonido sordo y Yashmine calla de pronto. Se echa la mano al cuello. El disparo ha debido atravesarle la garganta. Intento levantarme pero no puedo, una bala me atraviesa el hombro y caigo al suelo. Yashmine no puede respirar, me arrastro hacia ella. Botes de humo entran por las ventanas. Las chicas gatean por la habitación intentando escapar de las balas que no paran de alcanzarlas. Algunas siguen desnudas y la sangre corriendo por sus cuerpos da a la escena un aire de serie b que me hace sonreír.
La voz de Yashmine se cofunde con los gorgoteos de sangre de su garganta. Me pone una granada en la mano. No me hace falta entenderla, quiere que destruya las vacunas que tenemos guardadas en el congelador.
La beso en la mejilla, le digo que este tranquila, que soy el elegido, que haré todo por ella.
Soldados vestidos de negro rompen puertas y ventanas, pisan las caras de las chicas para rematarlas con un tiro de gracia.
Me pongo de rodillas, quito a anilla de la granada, la sangre de Yashmine me salpica en la cara. Una bala de gran calibre le ha reventado el cráneo.
Es demasiado, la vista se me nubla, pierdo el equilibrio, se que mi nariz volverá a conocer el suelo. Mientras caigo suelto la granada. Un soldado me pisa el cuello. Todo sucede muy despacio, los casquillos salen de su arma a cámara lenta y las balas aprisionan mi cuerpo contra el suelo. Cierro los ojos, una explosión me acompaña mientras todo se vuelve negro.
Abro los ojos, luces fluorescentes pasan muy deprisa por el techo. Ellos Arrastran la camilla a toda velocidad.
Muchos hombres me gritan, me hacen preguntas. Un médico dice que es inútil, que no les oigo, que voy a morir. Un policía me zarandea y me hace más preguntas que no entiendo. Grita cosas que escucho cada vez más lejos.
No puedo ver nada pero oigo a Yashmine, me dice que vaya con ella. Me voy.
© Todos los derechos reservados.
- no, chúpasela a él primero, yo miro.
Supongo que suena obvio pero que me la chupen me relaja y para mi estar relajado es bastante importante.
Un regimiento de médicos y un millón y medio de pruebas para ver por qué cojones de vez en cuando alguien tenía que recogerme de la calle y plantarme en el hospital con los pantalones meados y la cabeza abierta por un par de sitios.
Electro cardiogramas, encefalogramas, pruebas del sida, de la enfermedad de Hoch, alergias, equilibrio, pruebas psiquiátricas… si hasta me metieron un dedo en el culo para ver si mi próstata estaba en armonía con el peso de mis cojones. Y ¿para qué? Para decirme que tenía crisis idiopáticas, es decir que no tenían ni puta idea de por qué de vez en cuando mi arteria aorta se contraía, impedía el riego sanguíneo a mi cerebro, y mi nariz acababa estrellándose contra el suelo.
–Relájate, evita las situaciones estresantes y haz vida sana.
Me lo he tomado al pie de la letra. Me la meneo y fijo mi atención en como se mueven sus tetas mientras se la come a mi amigo. Pienso que debería dejar de tomar tantas pastillas y hacer esto más a menudo.
La otra se acerca por detrás y suavemente introduce su lengua en mi culo, esto no me lo esperaba, ha sido a traición, no puedo evitar correrme de golpe. A mi amigo no le ha hecho mucha gracia que le llene la pierna de semen pero ella, muy atenta, soluciona el problema rápidamente y vuelve a lo suyo.
Por la mañana me las encuentro charlando junto a la máquina de café, me saludan con la mirada y siguen hablando como si nada. Supongo que mi cara no les dice nada que mi polla no les haya contado ya.
Un crédito hipotecario, un aval incumplido, y un par de expropiaciones por impago, y eso sólo hasta las doce. En algún momento he pensado en dejar todo esto e intentar escribir de nuevo, quiero decir escribir cosas como “Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío alma mía. Lo- li-ta…” Quiero decir escribir cosas que al leerlas te parezcan tan buenas que incluso tu mismo pudieras creer que han sido escritas por otro.
Pero es difícil abandonar la vida de ocho a tres, las compañeras guarras que te piden que las encules para intentar olvidar que empiezan a querer ser mamas, y los lunes borrosos de los que es imposible acordarse. Además, en realidad sigo escribiendo sólo que ahora me conformo con unas líneas en alguna servilleta, y con los informes que hago sobre la pobre gente a la que me toca engañar.
- Samuel, Samuel….
La voz aguda de mi jefe me perfora los oídos y me hace volver al mundo real. Quiere saber algo acerca de algo que no me interesa lo más mínimo, de hecho me está estresando, creo que voy a tener que hacer que deje de hablar. Me levanto de la mesa, le pongo la mano sobre el hombro y me lo llevo a tomar un café. Le digo que deberíamos ir a tomar algo un día de estos, me mira con cara rara, como diciendo ¡eh!, que no soy gay, yo sonrío echo una mirada rápida a la mesa de contabilidad y le cuento como se las gastan esas chicas tan majas con faldas de Zara y camisetas de H&M. Se le alegra la cara y decide darme la mañana libre.
– ¡¡qué demonios, tienes que cuidarte!!
Así que me cuido, son las doce y cuarto una hora perfecta para llamar a Yashmine.
El día que la vi por primera vez, la nieve caía como suspendida en el tiempo. Un personaje de Pamuk hubiese dicho que esto le traía a la mente la idea de Dios, seguramente tendría razón pero yo sólo soy el hijo ateo de un judío ateo, así que recordándolo creo que para mi esa nieve fue más que nada un elemento diferenciador para el día en que mi vida empezó a ser diferente.
Cuando la conocí trabaja en una de esas cafeterías donde puedes pedir un cubata a cualquier hora sin que nadie te mire raro.
Sólo han pasado unos meses pero ya casi había olvidado que pensé que aquella chica no pegaba mucho con el lugar, que era demasiado guapa, demasiado lista, y demasiado árabe para un sitio como ese. Pero ese pensamiento duró sólo un segundo porque en cuanto ella me sonrío y me acaricio la mano con los dedos al pasar la bayeta por la barra mi mente voló con la facilidad de una cometa hasta el momento en que la tendría desnuda sobre la cama.
El teléfono móvil suena en el bolsillo derecho de Yashmine, lo coge, le digo que estaré allí en quince minutos, que me espere.
En cuanto me ve entrar se quita el delantal y entra en el almacén, yo la sigo. Antes de que se me tire encima le digo que me lo explique otra vez. Intento fingir que me interesa de verdad, la idea de judío renegado le pone realmente cachonda
Me coge la mano y se la pone en el coño mientras hace lo propio con mi polla. Me habla de la Yihad, del fin del imperialismo estadounidense controlado por el lobby sionista, -hay que hacer algo, Dios ha puesto a nuestro alcance el arma definitiva y debemos utilizarla.
A partir de aquí no me entero de mucho, estoy tan excitado que tengo miedo de correrme en cualquier momento, ella dice guerra santa y yo digo chúpame la polla. La Yihad empieza en mi estómago y me recorre todo el cuerpo como un impulso eléctrico que acaba en la punta de mi polla para convertirse en un chorrito indecente. Creo que la cantidad le ha parecido ridícula, pero aun así con gesto serio dice-Ala es grande… yo pienso que a lo mejor no era tan buena idea lo de tomar menos pastillas y hacerme tantas pajas.
Después de dejar a Yashmine paseo un rato de bar en bar. A las seis de la tarde llego a casa y me caigo rendido en la cama.
Llaman a la puerta. No se cuanto tiempo he dormido, pero por lo que me cuesta levantarme parece que hubieran sido quince años. Siguen llamando, empiezan a ponerme nervioso, pienso que quien sea se está ganando una buena hostia. Abro y me encuentro con un ejército de policías a punto de tirar la puerta abajo.
Me preguntan por Yashmine, por la Yihad, y por mucha gente a la que no conozco. Hablan todos a la vez, me enseñan fotos horribles,
-hijo de puta-
Dicen, ha habido un atentado. Alguien ha volado por los aires el edificio donde trabajo, pienso en las chicas de contabilidad con sus grandes tetas hechas añicos. Es demasiado, se me nubla la vista, los pantalones se me mojan y mi nariz se estrella contra el suelo.
Abro los ojos, veo a Ricard, esto me desubica, la última vez que le vi, estaba desnudo y con el coño de una negra en la boca.
Me dice que no, que no estamos en “Le Voyeaur”, que esto es un hospital, y que es policía. Intenta parecer simpático, pero se le nota bastante jodido, me imagino que piensa que no debía haber practicado la doble penetración con un judío renegado convertido a terrorista islámico.
Después de trece días detenido no tienen más remedio que mandarme a casa, parece que el miedo a la democracia no se ha extendido tanto como para que haberte follado un par de veces por detrás a una palestina y ser el único superviviente de un atentado pueda ser considerado un delito en si mismo. Todo llegará.
En los siguientes días pensé que algún idiota en el departamento de policía todavía no se había enterado de que el estado de derecho quedó herido de gravedad en Sabra y Shatila y murió a los pocos meses en el consejo de seguridad de la ONU. O eso o realmente es que ser inocente cuenta para algo.
De todas formas ha sido horrible, me han tenido todo el tiempo con las manos esposadas a la espalda y no he podido hacerme ni una triste paja, tengo los cojones como una caja de ahorros.
Llego a casa, han destrozado todo, no han respetado ni las sábanas, así que cojo lo que puedo y me voy a un hotel. No entiendo bien lo que está pasando pero estoy seguro de que Yashmine es inocente, una chica con ese par de tetas no puede ser capaz de hacer daño a nadie.
En la recepción una furcia me saluda con la mano, yo le sonrío mientras descubro que el ascensor no funciona. Subo por las escaleras. Algunas luces están apagadas y otras parpadean como en una película de terror. Entro en mi habitación y me quedo petrificado ante la imagen de Yashmine tumbada en mi cama, desnuda.
Dice que me ha seguido, que está asustada, que me la folle. Lo hago.
Cuando enciende su cigarro la llama de su mechero me recuerda a una película de David Lynch, se lo digo, ella no dice nada. Me mira y me acaricia mientras pega una fuerte calada a su pitillo.
– Tienes que ayudarme-.
Me explica que es una víctima, que son unos racistas, que esto es un complot más del occidente imperialista en el que vivimos, que ya no hay moral, que nos hemos perdido de la mano de Dios. Le digo que la creo, que no se preocupe, que la ayudaré, que todo se aclarará, que me chupe la polla.
Le doy todo el dinero que tengo, ella sale de la habitación, hemos quedado que lo mejor es que desaparezca por un tiempo mientras intento convencer a Ricard y sus amigos de que esta chica es un ángel y de que su yihadista está en otra parte.
Entro en el despacho de Ricard, me recibe sin mucha alegría, creo que mi visita le compromete. Le cuento que la he visto, que se ha ido y que no se dónde está. Él me mira duramente, como si fuera a dispararme. Se levanta y mete una cinta en un viejo VHS. Parece la grabación de una cámara de seguridad. La imagen esta dividida en cuatro fragmentos pero no tardo en darme cuenta de que se trata del edificio en el que trabajo, es decir, trabajaba.
Ricard señala la pantalla, Yashmine entra en el hall con mi amigo, mi compañero de orgías, aquel al que llene la pierna de leche. Se acercan al control de seguridad y saludan al vigilante que sale del mostrador. Los tres caminan juntos y entran en el cuarto de servicio. En su interior la cámara se colocó para que ninguna ecuatoriana sacara material de la empresa por la puerta de atrás, así que lo único que se puede ver es el balanceo de la larga melena de Yashmine. Su cabeza sube y baja, sube y baja. Se para. Mi amigo sale a escena y el de seguridad ocupa su lugar. Parece que Yashmine tiene un talento especial, no le aguantan ni un minuto.
Mientras tanto otra cámara de seguridad muestra a un grupo de hombres que corren por el hall dejando caer mochilas por todas partes. Tras unos segundos una gran luz y la imagen se va a negro.
Ricard dice que hasta hace un minuto creían que ella también había muerto, yo le digo que ella no tiene nada que ver, que sólo pasaba un buen rato, aunque la verdad es que empiezo a dudarlo.
Salgo de la comisaría y comienzo a andar. La gente pasa deprisa, parecen asustados, una mujer y su hija lloriquean frente a un escaparte donde pasan las imágenes del atentado. Doscientos, trescientos muertos qué más da, no lloran por eso, quizás lo piensan, pero no es así. Alguien ha roto su ilusión de seguridad, alguien les ha hecho protagonistas del telediario, alguien les ha enseñado que el terror es ida y vuelta. Por eso lloran y por eso revisan las listas de oficiales de muertos y heridos, todos quieren saber si tienen derecho a sentirse atacados a sentirse furiosos, a sentirse víctimas.
Las calles están cada vez más vacías, está oscureciendo y las luces de las grúas y las sirenas dan al lugar un aspecto ficticio. Parece una película, pero el cráter es real, la destrucción es real, y los cuerpos que no paran de salir de entre los escombros también son reales. La mayoría de la gente con la que follaba ha muerto en este edificio, supongo que este no será un buen fin de semana en “Le Voyeaur”.
De pronto me viene a la cabeza la idea de que la explosión ha debido destruir la base de datos del banco. Trabajadores, jóvenes, ludópatas, y parejas llenas de ilusión frustrada tendrán un par de semanas de respiro, luego alguien llamará a su puerta y les caerá encima con intereses.
En la habitación del hotel hace frío y las sábanas están húmedas. Llaman a la puerta, la furcia del hall quiere que le ayude a subirse la cremallera del vestido, le pregunto que cuanto cuesta bajarla del todo. Se enfada y sale dando un portazo.
El teléfono móvil me despierta a las ocho de la mañana. La voz me resulta familiar pero no le pongo cara hasta que comienza a farfullar algo acerca de una liquidación a su favor de no se qué doble hipoteca. Le cuento que no puedo hacer nada que ha habido un atentado que todo ha volado por los aires. Lo entiende pero no es su problema, quiere poner una reclamación,
- tengo mis derechos, para cobrar nunca tuvieron problemas-
-está bien le digo, tomo nota-
-no, no tome nota, quiero hablar con su jefe-
- ha muerto le digo-
-pues con el jefe de su jefe-
- también ha muerto-
-Pues denme un número de fax.
Mientras me lo invento me doy cuenta de que seguramente todos los que estaban por encima de mi han muerto así que este gilipollas esta hablando con el director general, el director de marketing, el consejero delegado y alguna cosa más. Se lo digo, me toma por loco, y cuelga hecho una furia.
Salgo a dar un paseo, paso frente a la cafetería donde solía trabajar Yashmine. Ya no hay policía, la gente bebe sus whiskies a las diez de la mañana como siempre lo ha hecho. Entro y pido uno doble, su sabor me recuerda a Yash, la verdad es que la echo de menos.
De vuelta al hotel pregunto en la recepción por la furcia que suele pulular por ahí. Me dicen que reside en la habitación 723. Llamo a su puerta, le pido mil disculpas, le digo que paso por un momento emocional muy delicado, todos mis compañeros acaban de morir. Lo comprende, me ofrece su ayuda para lo que necesite y la acepto. No se puede entrar sin pareja en “Le Voyeaur” así que le pido que me acompañe.
A las diez la recojo en su habitación y la monto en un taxi. En los vestuarios se quita la ropa y la dobla muy pulcramente. Ha debido ser una belleza. Tiene los pechos algo caídos y su cuerpo ya no es el que era, pero aun así, todavía sigue teniendo un buen polvo.
El lugar está más animado de lo que pensaba. Un hombre de unos sesenta años da por el culo a una mujer que grita como si la estuviesen matando. Varios hombres conversan mientras sus mujeres les chupan la polla. Yo y la furcia nos sentamos en la barra y pedimos una copa. Un tipo negro y su mujer se sientan junto a nosotros y se presentan. Parecen simpáticos. La furcia dice que estoy triste, que lo mejor sería que empezáramos por una doble penetración. Me parece coherente. Mientras paso los dedos por el pequeño espacio que hay entre su coño y culo me fijo en la cara de una chica morena que se baña en uno de los Jacuzzis. Me recuerda a Yashmine. Meto la polla en el culo de la furcia y el negro hace lo propio en el otro orificio. Pero la morena me ha robado la atención, así que hago un esfuerzo, me concentro y consigo correrme en un tiempo relativamente corto. Me despego de la grupa de la furcia y me acerco al Jacuzzi.
No hablamos mucho antes de decidir que es mejor que vayamos a su casa ella y yo solos. La furcia intenta parecer ofendida pero con tantas pollas alrededor su actitud resulta ridícula.
Sobre su cama, mientras me quita la ropa me dice que se llama Jezabel, me habla de la Yihad, del lobby americano sionista, todo esto me suena, ya me lo habían contado, pero antes de decir nada, espero a que me la coma, no quiero que se sienta decepcionada.
Mientras enciende su cigarro le digo que conozco a Yashmine, me mira con cara de susto y se levanta de la cama.Tiene un culo espectacular.
Vuelve con un teléfono en la mano, me lo pasa, la voz de Yashmine dice- ¿Samuel, eres tú?
Durante el viaje no hablamos mucho, aun así consigo que me la chupe un par de veces. Cambiamos de coche y de dirección tantas veces que es imposible que nos hayan seguido.
Llegamos a una casa en el medio de la nada, está desvencijada, parece que no hubiera vivido nadie en ella en cien años. Yashmine sale a recibirnos. Me mete la lengua hasta la garganta, la abrazo, le digo que la quiero.
Dentro la televisión ladra a todo volumen las noticias de las nueve; la policía busca a Yashmine, piensan que tiene cómplices, que existen otras células durmientes.
Sentada sobre mis rodillas Yashmine me pide disculpas por haberme engañado, dice que todo esto no ha podido ser una casualidad, que Alá es grande y que ahora está segura de que soy el elegido. Jezabel asiente desde su butaca. No se exactamente para que me han elegido pero estoy en el paraíso.
Por la mañana voy a buscar el desayuno y algunos periódicos. Me detengo en un bar de carretera, me siento y me bebo un café a sorbos, muy lentamente. Una idea empieza a invadirme la cabeza. Cojo una servilleta y escribo tan rápido como si alguien sentado a mi lado me estuviese dictando:
- Has probado a meterle a alguien la pistola por el culo. Los gurkas lo hacían con los soldados argentinos en las Malvinas. Y joder funcionaba, corrían como cabrones en cuanto los escuchaban chapotear en el barro de la playa.
Din, dang, dung, la cojo y le doy por el culo, y la muy puta se resiste. No se da cuenta que estoy aquí para ayudarla, que desde ahora ninguno de estos putos tiñosos se acercará a ella, que podrá criar a sus hijos, que la libertad tiene un precio, que soy su príncipe azul, su príncipe de casco azul.
Decido que se llamará “El príncipe azul” y que por fin tengo el principio de una buena novela. La camarera me interrumpe dejando una bolsa de cartón sobre la mesa, la cojo y pago la cuenta. Antes de salir veo que varios policías preguntan a la gente mientras les muestran fotografías. Arranco el motor y doy media vuelta. Tengo que avisar a las chicas.
Por la carretera todo parece tranquilo, los árboles pasan deprisa, como queriendo escaparse de mi. Cojo la desviación hacia la casa. Freno en seco. Yash y Jezabel vienen corriendo hacia mí, casi las atropello. Veinte policías disparan al aire y gritan que nos detengamos. Las chicas suben al coche, doy la vuelta y acelero. Un coche patrulla nos corta el paso, Ricard y dos agentes se parapetan tras el con sus rifles en la mano. Sonríen, creo que es porque saben que me han engañado, todos sabían que el estado de derecho había muerto pero me hicieron creer que algunos lo habían olvidado. Piso a fondo y lo embisto. La cabeza de Ricard rompe el parabrisas y su sangre se suspende unos instantes en el continuo espacio tiempo para caer en la cara de Yashmine. Su mano se posa sobre mi entrepierna, la miro, me sonríe. Se me nubla la vista, pero antes de desmayarme tengo una erección, la más grande de mi vida.
El piso franco es en realidad un antiguo almacén. Me despierto excitado, una chica me come la polla mientras otra me chupa los huevos.
Dicen que en el paraíso te esperan siete vírgenes, no creo que estas lo sean pero desde luego son muchas más de siete. Yash y sus amigas son preciosas y están todas desnudas. Dicen que me relaje. Así que me vuelvo a recostar y les dejo que terminen con lo que estaban haciendo.
Yashmine y yo retozamos acurrucados en una cama mientras me susurra al oído el plan y porque yo soy el elegido.
Por la mañana una de las chicas prepara la cámara mientras otras grapan en la pared un gran pañuelo con símbolos del Islam que servirá de fondo para la filmación.
Antes de comenzar a grabar las chicas se ocupan de que tenga el arma bien dura y de que todos sus pañuelos estén en su sitio.
Comienza la grabación. Yashmine saca una gran jeringuilla y me la inyecta en la polla, estoy a punto de desmayarme pero hago un esfuerzo, al fin y al cabo soy el elegido así que no puedo fallar en esto. Cuando termina todas comienzan a rezar. Paran. Yashmine dice grandes cosas sobre la opresión y el imperialismo, grita y las demás asienten como el coro de los esclavos de Nabucco.
No puedo evitar pensar que todo esto es demasiado. Judío, ateo y follador; no estoy seguro de dar la talla para ser el elegido.
Al principio fue fácil. Clubs de intercambio de todo el país. Mientras yo follo mis amigas agujerean condones, extienden mi semen sobre los consoladores y mantienen a los chicos ocupados para que yo pueda hacer la Yihad en el culo de sus mujeres. Y por el camino, bares de carretera llenos de zorras pueblerinas meneando sus grandes tetas sobre el retrete mientras las ensarto hasta el fondo, parejas hastiadas que caen redondas ante la idea de montarse una fiestecita conmigo y con mis amigas.
Pero las noticias vuelan y la nueva enfermedad se ha extendido muy rápido.
Uno de los primeros síntomas del virus es que empiezas a perder el control sobre tu voluntad, lo que teniendo en cuenta la clase de víctimas que elegimos contribuyó bastante a propagar la enfermedad y a permitir las primeras mutaciones.
Después fiebre, dolor de cabeza y a las dos semanas un imperialista menos.
Ahora es más complicado, las autoridades han decretado el estado de emergencia y se afanan por encontrar la primera cepa para poder desarrollar una retro vacuna.
Con las nuevas mutaciones, el virus también se extiende por el aire así que no creemos que este país dure más de cinco semanas.
La gente ha empezado a abandonar sus casas, los perros vagan por las calles formando grandes manadas. El ejercito tira a matar para evitar saqueos y restablecer la seguridad ciudadana.
Yashmine, y las chicas miran en los informativos el vídeo que grabamos. Las imágenes van acompañadas de otras que muestran hospitales atestados y mujeres que se tiran de los pelos en los entierros de sus hijos y nietos.
Yashmine dice:
-ahora son ellos los que sufren, ahora son ellos los muertos de hambre, los que parecen desquiciados implorando a su Dios por un poco de consuelo.
Es hermoso escucharla hablar, realmente creo que la quiero.
Intento a volver a mi cuaderno, a mi novela, no he podido escribir mucho, he estado ocupado, pero de todas formas estoy contento con lo que leo:
- La mañana es dulce y el viento agita la selva que por momentos parece que se va a rebelar arrebatándole de nuevo a la ciudad lo que un día fue suyo.
Cuando recorrí estas marismas por primera vez hacia la guerra en misión de paz, me follaba a sus mujeres gratis. Desde que los otros chicos de azul se fueron me las follo por dinero. Soy lo que llaman un aturdidor, me deslizo entre las líneas rebeldes y les mino la moral donde más les duele, en los coños de sus mujeres, y creedme no hace falta gastar muchas balas para hacer esto.
Un sonido sordo y Yashmine calla de pronto. Se echa la mano al cuello. El disparo ha debido atravesarle la garganta. Intento levantarme pero no puedo, una bala me atraviesa el hombro y caigo al suelo. Yashmine no puede respirar, me arrastro hacia ella. Botes de humo entran por las ventanas. Las chicas gatean por la habitación intentando escapar de las balas que no paran de alcanzarlas. Algunas siguen desnudas y la sangre corriendo por sus cuerpos da a la escena un aire de serie b que me hace sonreír.
La voz de Yashmine se cofunde con los gorgoteos de sangre de su garganta. Me pone una granada en la mano. No me hace falta entenderla, quiere que destruya las vacunas que tenemos guardadas en el congelador.
La beso en la mejilla, le digo que este tranquila, que soy el elegido, que haré todo por ella.
Soldados vestidos de negro rompen puertas y ventanas, pisan las caras de las chicas para rematarlas con un tiro de gracia.
Me pongo de rodillas, quito a anilla de la granada, la sangre de Yashmine me salpica en la cara. Una bala de gran calibre le ha reventado el cráneo.
Es demasiado, la vista se me nubla, pierdo el equilibrio, se que mi nariz volverá a conocer el suelo. Mientras caigo suelto la granada. Un soldado me pisa el cuello. Todo sucede muy despacio, los casquillos salen de su arma a cámara lenta y las balas aprisionan mi cuerpo contra el suelo. Cierro los ojos, una explosión me acompaña mientras todo se vuelve negro.
Abro los ojos, luces fluorescentes pasan muy deprisa por el techo. Ellos Arrastran la camilla a toda velocidad.
Muchos hombres me gritan, me hacen preguntas. Un médico dice que es inútil, que no les oigo, que voy a morir. Un policía me zarandea y me hace más preguntas que no entiendo. Grita cosas que escucho cada vez más lejos.
No puedo ver nada pero oigo a Yashmine, me dice que vaya con ella. Me voy.
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martes 11 de septiembre de 2007
Principe azul. Un relato de William Saïd.

Has probado a meterle a alguien la pistola por el culo. Los gurkas lo hacían con los soldados argentinos en las Malvinas. Y joder funcionaba, corrían como cabrones en cuanto los escuchaban chapotear en el barro de la playa.
Din, dang, dung, la cojo y le doy por el culo, y la muy puta se resiste. No se da cuenta que estoy aquí para ayudarla, que desde ahora ninguno de estos putos tiñosos se acercará a ella, que podrá criar a sus hijos, que la libertad tiene un precio, que soy su príncipe azul, su príncipe de casco azul.
Me limpio las botas, meto los cordones en agua y dejo que la sangre se disuelva poco a poco. Ya no tengo el casco azul pero sigo siendo un príncipe. Me paseo entre las hierbas de la marisma y los campesinos me saludan, “señor” hacen una reverencia. No se si saludan mi fusil o la polla con la que follo a sus mujeres. Supongo que prefieren que lo haga yo que esos tiñosos con gonorrea a los que llaman su ejército.
La mañana es dulce y el viento agita la selva que por momentos parece que se va a rebelar arrebatándole de nuevo a la ciudad lo que un día fue suyo.
Cuando recorrí estas marismas por primera vez hacia la guerra en misión de paz, me follaba a sus mujeres gratis. Desde que los otros chicos de azul se fueron me las follo por dinero. Soy lo que llaman un aturdidor, me deslizo entre las líneas rebeldes y les mino la moral donde más les duele, en los coños de sus mujeres, y creedme no hace falta gastar muchas balas para hacer esto.
Este gobierno, el que nosotros pusimos, me paga muy bien por lo que ellos llaman asesor militar, pero estos tíos no reconocerían a un militar ni aunque tuviesen su bayoneta clavada en el cuello.
Mi grupo ha sido desplegado a unos cientos de metros de la línea de separación impuesta por la ONU. La cosa es fácil, mujeres, viejas y algún que otro imberbe que no levanta un palmo del suelo.
Disperso a los chicos y en cinco minutos la cosa esta bajo control. Agitaremos un poco el ambiente y nos iremos tan rápido como hemos venido.
Algo explota, alguien dispara, pienso que esto no debía estar pasando pero mantengo la calma. Mis chicos saltan como un muelle, en diez segundos tienen asegurado el perímetro, en un minuto han puesto a los rebeldes contra la pared, y en dos ya les han fusilado.
Un sonido, uno que no debiera estar aquí, se me cuela por el casco y me hace pensar que algo ha fallado. Dos blindados medios cubren el avance de unos cincuenta chicos de azul.
Les sonrío y les saludo con la mano. Les digo que no deberían estar aquí, pero un comandante de tez gris oscura parece que no se ha enterado. Me mira fijamente, me doy cuenta de que es un puto musulmán, gente seria, de honor, la clase de gente con la que no conviene ir a una guerra. Me doy cuenta de que todo ha acabado.
En el consejo de guerra el coronel me pregunta que cómo he podido, yo que era un buen soldado, condecorado, Bosnia, Kosovo, Líbano, y muchos de esos lugares de los que sólo quieres saber por el telediario. La verdad es que no se qué contestar, así que le pregunto, - Señor, ha probado a meterle a alguien la pistola por el culo. Los gurkas lo hacían y todos saben que son los mejores soldados del mundo.
Él se queda estupefacto, yo pongo mi mejor sonrisa y le digo – señor ustedes me enviaron allí, y como usted ha dicho lo hicieron porque era un buen soldado.
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lunes 27 de agosto de 2007
Luisa. Una historia real recogida por William Saïd

Luisa tiene un trocito de mar.
Cuando era una niña sus padres le enseñaron que los hombres eran libres, que nadie era dueño de nadie. Luisa lo entendió porque no conocía a nadie que tuviera nada.
La tierra, los árboles, los ríos, la pequeña casa en la que vivían y hasta las hermosas montañas que recortaban el cielo de Granada eran de alguien a quien no conocía.
También alguien a quien no conocía le dijo que sus padres sus tíos y todos a los que llamaba familia se habían cansado de arrastrar los pies por el polvo, que se habían cansado de ser esclavos, que se habían cansado de estar cansados y que eso se llamaba ser anarquista. Le dijeron que un hombre que se llamaba Franco les había castigado obligándoles a construir una cruz enorme en un valle enorme. Pero Luisa era una niña, y no entendió por qué ese hombre estaba tan enfadado con ellos y por qué si sus padres habían construido esa cruz tan grande Franco en vez de perdonarles había decidido fusilarles.
Luisa creció pensando que estaba sola en el mundo, vivía con unas monjas que le decían que tenía que portarse muy bien para que Dios la perdonara por haber sido una niña roja. Luisa lo hizo y las monjas decidieron contarle que no estaba sola, que su hermana estaba viva, pero que las habían separado para que no tuviesen la tentación de volverse anarquistas. Luisa tenía catorce años y se alegró mucho de conocer a su hermana, y por fin entendió quienes eran esos que quisieron construir esa cruz tan grande y porque sus padres estaban tan cansados de ellos.
Luisa siguió creciendo y se enamoró y tuvo hijos y nunca se olvidó de las cosas que le enseñaron sus padres.
Pasaron los años, y Luisa vio a sus hijos crecer bajo el sol, los vio enamorarse y los vio formar sus propias familias.
Luisa tenía cincuenta años cuando tuvo que despedir a su hombre y sus hijos tuvieron que enterrar su a padre. Lo hicieron en la tierra, en la misma que lo había visto amar, sudar, y llorar. La misma que lo había visto vivir una vida sencilla, una vida de obrero.
Luisa tiene hoy setenta años, vive frente al mar y ocupa una casa que no es suya. Sus vecinos la quieren y la respetan, porque allí donde viven nadie tiene nada excepto el cariño de los demás y un pequeño trocito de mar que todos comparten.
Luisa nunca deja su casa porque aunque sabe que todos la quieren, tiene miedo de que alguien a quien no conoce venga y le diga que esa casa es suya y que tiene que irse.
Luisa cumple años, ha reunido a toda su familia frente a su trocito de mar, cocina para ellos como lo ha hecho tantas veces, y les pide que cuiden de su casa mientras ella vuelve. Todos se preocupan pero confían en su madre igual que siempre han confiado.
Viaja todo el día, le duelen los huesos y se le ha encogido el alma.
Luisa se ve a si misma frente a esa cruz tan grande en ese valle tan grande. Como cuando era una niña, se imagina a sus padres construyéndola y como entonces los echa de menos.
Luisa entra en la abadía que hay en a los pies de la gran cruz. Hace frío y no se parece nada al lugar donde ella imaginaba que vivían los dueños de las cosas.
Luisa se detiene frente al altar. Sube su falda hasta la cintura, se acuclilla y ve correr su orina entre los surcos de la rocas que forman el suelo.
Por unos segundos su orina calienta las gélidas piedras.
Desde siempre Luisa pensó que cuando llegara este momento gritaría, maldeciría, lloraría, pero ahora su cuerpo sólo es capaz de esto.
Luisa se va, no escucha a todos los que la gritan, la única cosa que le viene a la cabeza es el frío que emanan esas piedras donde están enterrados sus padres. Piensa que esas rocas seguirán siendo frías, pero que ella, su naturaleza, y su cuerpo de mujer las ha calentado por un instante.
Luisa sigue sin tener nada y sigue sin conocer a la gente que lo tiene.
Luisa no se llama Luisa pero esta historia sí es su historia.
Me la contó en su playa, delante de su trocito de mar, donde es feliz, donde nadie tiene nada excepto ese trocito de mar y el cariño de los que se conocen y se respetan.
fotografía de Néstor Hernández
© Todos los derechos reservados.
Rudy. Un relato de Luis Berdejo

El soldado volvio a casa con el regusto a calamar hervido que no habia podido sacarse de las corneas desde su paso por la puta Germania.
Fuera atardecia veneciano sobre el trigo al que papa habia regalado la artrosis y los discos de alguna que otra vertebra.
Dentro, Tia Gladis quemaba su delantal de lino frente a un puding de riñones cuando el soldado empujo la puerta.
- Tia Gladis. - Penso Rudy. - Menudo nombre para la madrina de un desertor.
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viernes 8 de junio de 2007
miércoles 6 de junio de 2007
Luís Javier Gayá. Crítica retrospectiva

Paisajes arquitectónicos en construcción, desolados, incompletos. Viejas ciudades en las que el tiempo se ha diluido en los recuerdos y los hombres han desaparecido. Dejando paso al vacío, un vacío irreal, metafísico, un vacío donde los edificios ya no son lugares en que habitar y en las plazas no queda rastro de vida, de ninguna vida.
Gayá ha hecho suyo este vacío, su mirada ha llenado los espacios que inevitablemente se pierden al detenerse el fluir del tiempo, y lo ha hecho con una pincelada sutil y melancólica.
Hay algo exquisito en la técnica de Gayá, quizás demasiado exquisito, porque en la irrealidad - real de sus imágenes, en la candidez que surge de sus colores y en la armonía de sus composiciones, a veces, no hay lugar para lo sentido, para lo vivido, para lo soñado. No hay complejidad en su simbología, la lectura de sus formas nos trae a la memoria caminos ya transitados,De Chirico, el surrealismo, la eterna vuelta al mundo clásico, pero lo hace sin novedad, sin conseguir penetrar en nosotros más allá de la perfección de su forma.
Es fácil encontrarse en armonía delante de sus cuadros, pero resulta difícil hacer volar la imaginación, añadir su mirada a la nuestra. En muchas de sus obras no es posible la catarsis, no hay nada en ellas que nos impregne, que nos deje poso.

Sin embargo existe un camino que si bien no ha sido el más transitado si ha sido el que más le ha acercado a un arte sentido y vivido, un arte original e inédito en su propio contexto. Este camino fue trazado en la serie que gira alrededor del Stadio di Marmi donde la intensidad del color se convierte en una simbología poderosa.
El estadio en ruinas aparece recortado sobre un cielo sanguíneo y ante nosotros el paisaje se transforma en el doloroso recordatorio de una época en la que el ser humano tuvo que enfrentarse a su odio, a su sin razón y a su cólera . Podemos sentir la soledad del hombre que contempla la ampulosa y deshumanizada arquitectura fascista y podemos hacerlo desde la interiorización de lo que vemos más allá del soporte físico de la propia obra. Son estos los momentos más atractivos de Gayá, los momentos en los que consigue liberarse de la técnica para dejar paso a las ideas y a los sentimientos.
De otro modo su pintura no resulta interesante más allá de la corrección formal y su capacidad para plasmar la ciudad de un modo atemporal y aséptico.
Crítica de Néstor Hernández
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sábado 19 de mayo de 2007
Gina. Un relato de Luis Berdejo

- ¿Estar en medio de un lado seguía siendo estar en medio a todos los efectos? – Se preguntó a sí mismo durante los tres primeros desayunos de Mayo consciente de que a Dios le reservaba otro tipo de cuestiones. - ¿Existías ya antes de que te supiéramos?
- ¿Vas a acabarte la mermelada? – Le interrumpió Gina.
Cuadro de Edward Hopper
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martes 15 de mayo de 2007
Amanecer. Un relato de William Saïd
Al amanecer los ejércitos revolucionarios controlan ya el mundo entero.
Los marcos de las ventanas están llenos de polvo. Un polvo que se ha vuelto cada día más denso. Monique ha estado intentando limpiarlo durante mucho tiempo, pero cada día, se levanta y ese polvo amarillo y rojo está otra vez por todas partes.
Monique lleva mucho tiempo enferma. Incluso desde antes de la guerra, pero esto no es seguro. Monique no se acuerda exactamente de antes de la guerra.
Monique ha estado enamorada. Pero de eso hace mucho tiempo. Monique no recuerda el nombre de su amor. Monique ya no recuerda casi nada.
Monique tose, y de su boca sale sangre, a veces también pequeños trocitos de pulmón. Monique ya no intenta limpiar el polvo, ya no tiene fuerzas, se siente cansada. Lleva días escondida, comiendo sobras de algunas latas. Le dijeron que lo hiciese, que no saliera a la calle y cerrase las ventanas.
El viento sopla fuerte y trae una calima dorada. La arena cae sobre los tejados, las aceras desiertas están llenas de cosas abandonadas. Los perros moribundos corren solos, por las calles, ahora son dueños de todo, forman una gran manada.
Monique vive en un hermoso barrio, aquí no han caído bombas ni han sonado las sirenas. Monique no ha visto morir a nadie, todos han muerto en sus casas.
Monique era antes una chica rubia y sana, pero eso era antes, ahora su piel se parece cada vez más al polvo que la cubre.
Monique empieza a desvanecerse, ya no siente casi nada. Sólo sed, una sed que la flagela. Su saliva está llena de polvo y sus labios llenos de pequeños surcos de los que escapa alguna gota de sangre.
Los ejércitos revolucionarios arrasan lagos, bosques, selvas y mares. Los ejércitos revolucionarios no le temen al polvo porque ellos son el polvo. Ellos no mueren, ellos no enferman, ellos no tienen esa sed que acaba perforándote la garganta.
Los ejércitos revolucionarios no luchan, no disparan, sus soldados no respiran aire, sólo lo degradan.
Su revolución comenzó en todas las ciudades, en todas las fábricas, en todos los hombres. Y fue sistemática, primero acabó con el clima, después con el agua, y ahora ha cubierto el cielo y la tierra con el manto de cenizas y polvo que sale de sus entrañas.
Monique fue una de las primeras en saberlo, advirtió a otros, pero estos no la creyeron.
Monique lo sabía, pero eso fue antes, porque ahora ya no sabe casi nada.
Monique está muriendo, los ejércitos revolucionarios la tienen rodeada. El polvo le cubre los ojos, las manos y casi toda la cara.
Monique recuerda ahora el nombre de su amor, se llamaba Zoe que significaba vida.
Monique y Zoe han muerto, no queda nadie más, la revolución está acabada.
Al amanecer los ejércitos revolucionarios habrán controlado ya el mundo entero.
Será una revolución sin héroes, será la revolución de la nada.
Los marcos de las ventanas están llenos de polvo. Un polvo que se ha vuelto cada día más denso. Monique ha estado intentando limpiarlo durante mucho tiempo, pero cada día, se levanta y ese polvo amarillo y rojo está otra vez por todas partes.
Monique lleva mucho tiempo enferma. Incluso desde antes de la guerra, pero esto no es seguro. Monique no se acuerda exactamente de antes de la guerra.
Monique ha estado enamorada. Pero de eso hace mucho tiempo. Monique no recuerda el nombre de su amor. Monique ya no recuerda casi nada.
Monique tose, y de su boca sale sangre, a veces también pequeños trocitos de pulmón. Monique ya no intenta limpiar el polvo, ya no tiene fuerzas, se siente cansada. Lleva días escondida, comiendo sobras de algunas latas. Le dijeron que lo hiciese, que no saliera a la calle y cerrase las ventanas.
El viento sopla fuerte y trae una calima dorada. La arena cae sobre los tejados, las aceras desiertas están llenas de cosas abandonadas. Los perros moribundos corren solos, por las calles, ahora son dueños de todo, forman una gran manada.
Monique vive en un hermoso barrio, aquí no han caído bombas ni han sonado las sirenas. Monique no ha visto morir a nadie, todos han muerto en sus casas.
Monique era antes una chica rubia y sana, pero eso era antes, ahora su piel se parece cada vez más al polvo que la cubre.
Monique empieza a desvanecerse, ya no siente casi nada. Sólo sed, una sed que la flagela. Su saliva está llena de polvo y sus labios llenos de pequeños surcos de los que escapa alguna gota de sangre.
Los ejércitos revolucionarios arrasan lagos, bosques, selvas y mares. Los ejércitos revolucionarios no le temen al polvo porque ellos son el polvo. Ellos no mueren, ellos no enferman, ellos no tienen esa sed que acaba perforándote la garganta.
Los ejércitos revolucionarios no luchan, no disparan, sus soldados no respiran aire, sólo lo degradan.
Su revolución comenzó en todas las ciudades, en todas las fábricas, en todos los hombres. Y fue sistemática, primero acabó con el clima, después con el agua, y ahora ha cubierto el cielo y la tierra con el manto de cenizas y polvo que sale de sus entrañas.
Monique fue una de las primeras en saberlo, advirtió a otros, pero estos no la creyeron.
Monique lo sabía, pero eso fue antes, porque ahora ya no sabe casi nada.
Monique está muriendo, los ejércitos revolucionarios la tienen rodeada. El polvo le cubre los ojos, las manos y casi toda la cara.
Monique recuerda ahora el nombre de su amor, se llamaba Zoe que significaba vida.
Monique y Zoe han muerto, no queda nadie más, la revolución está acabada.
Al amanecer los ejércitos revolucionarios habrán controlado ya el mundo entero.
Será una revolución sin héroes, será la revolución de la nada.
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lunes 7 de mayo de 2007
La hermosa dedicatoria de Slavoj ZiZek.

Durante el rodaje en las afueras de Madrid de la película de David Lean Doctor Zhivago, una multitud de figurantes españoles tuvo que cantar "la internacional" en una escena en que aparecía una manifestación masiva. El equipo de rodaje quedó asombrado al descubrir que todos conocían la canción y que la cantaban con tanto entusiasmo que dio lugar a la intervención de la policía franquista, que pensó encontrarse frente a una manifestación política real. Y, lo que es más, cuando ya había anochecido (la escena tenía que desarrollarse en la oscuridad), la gente que vivía en las casas de los alrededores oyó los ecos de la canción, empezó a abrir botellas y a bailar en la calle, suponiendo equivocadamente que Franco había muerto y los socialistas habían tomado el poder.
El libro está dedicado a esos momentos mágicos de libertad ilusoria (que de alguna forma, no eran sólo ilusorios) y a las esperanzas frustradas por el retorno a la realidad "normal".
Para los que no le conozcáis, Zizek es profesor de Filosofía del Instituto de estudios sociales de Liubliana y profesor visitante en la new school of social research de New York.
Muchos dicen que es una las voces más importantes de la filosofía actual, para mi mucho más que eso es una consecuencia que era inevitable, y que por fin ha llegado, de la desmovilización simbólica, la homogeneización del pensamiento, la nueva opacidad cultural e informativa y el terrible estado de agotamiento en que se encuentran nuestras democracias. Voces como la suya son necesarias para crear nuevos modelos de política y nuevas instituciones en las que podamos confiar. Pero sobre todo para colocarnos frente a la realidad, y darnos cuenta que no se ha acabado la historia, que aun podemos proyectar nuestras ilusiones en el futuro y que el mercado no es el único de los modelos posibles. Además debemos preguntarnos si estas instituciones pueden surgir en el ámbito del capitalismo o es necesario el desmantelamiento total del sistema y la creación de otro basado en nuevas estructuras de poder que distribuyan la capacidad de decisión del día a día en todos los ciudadanos.
Sobre cómo hacer esto en la práctica, me adhiero firmemente a la cita de Adorno que el propio Zizek publica en su libro "Repetir Lenin":
A la pregunta de ¿qué habría que hacer? en la mayoría de los casos no puedo en verdad sino contestar con un "no lo se". No puedo sino intentar analizar con rigor lo que hay. En esto hay quien me reprocha: cuando ejerces la crítica, estas a tu vez obligado a decir como habría que hacerlo mejor. Esto es lo que considero, sin lugar a dudas un prejucio burgués. Ha sucedido muchas veces en la historia que las mismas obras que perseguían objetivos puramente teóricos transformaron la conciencia y, por tanto, la realidad social.
Este fragmento que he reproducido, una historia que sucedió realmente, es la dedicatoria recogida al comienzo de Órganos Sin Cuerpo, Sobre Deleuze y sus Consecuencias. Publicado por la editorial Pre Textos. Valencia. España 2006.
La cita de Adorno es de "Recuperar Lenin". Publicado por la editorial Akal en Madrid. España en 2004.
Una reseña de Néstor Hernández
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jueves 26 de abril de 2007
domingo 22 de abril de 2007
Nosotros Decimos

Nosotros decimos. Collage y dibujo 29x20
Una obra de Alda Hernández sobre La Carta del Jefe Seattle.
“...No comprendemos lo que será cuando los búfalos hayan sido exterminados, cuando los caballos salvajes hayan sido domados , cuando los recónditos rincones de los bosques exhalen el olor a muchos hombres y cuando la vista hacia las verdes colinas esté cerrada por un enjambre de alambres parlantes.
¿Dónde está el espeso bosque ? Desapareció. ¿Dónde está el águila? Desapareció.
Así termina la vida y empieza la supervivencia."
Fragmento seleccionado.
domingo 8 de abril de 2007
witness. La fotografia de James Nachtwey.

Seres que vagan por ciudades agrietadas, carcomidas, desfiguradas por las pasiones y los odios de todos los pueblos elegidos. Ciudades que se empeñan en recordar que en ellas un día vivieron hombres y que resurgen de sus cenizas con cada brizna de esperanza para volver a caer de rodillas, heridas de muerte a la espera de que alguien libere a ese Dios por el que todos llenan sus muros de metralla. Hombres que ahora, despojados de dignidad, enfrentados al terror de confrontarse con los límites de su autoestima y darse cuenta una y otra vez, que estaban equivocados, que aun se puede caer más bajo, que siempre es posible sufrir una nueva humillación, que la libertad no es poder comprar o vender cosas, ni siquiera ir a donde uno quiera, sino que es más bien un estado de ánimo, que tiene que ver con poder mirar al futuro, con poder proyectarse en el futuro, y que cuando esto no es posible, el final, la muerte, se convierte en un fin en si mismo.
Por eso los personajes de Nachtwey casi nunca nos miran a los ojos, porque muchos, y esto es lo terrible, están en realidad muertos, sus corazones laten pero su vida ha sido arrancada por la fuerza de los bulldozers, las bombas y la locura de la guerra. Las fotografías no hablan del alma de los personajes porque estos son inseparables de su contexto, de alguna manera representan su contexto, son su contexto.
Pero para definir este contexto, para hacernos entender o apenas atisbar los lugares tan lejanos donde habitan estas almas, es necesario huir del realismo, huir de la realidad fotografiada e impresa una y mil veces. Son más necesarias las catarsis que las fotografías. Sólo así se puede entender la obra de Nachtwey, como puñetazos en la boca del estómago, como disparos a bocajarro que nos revientan los tímpanos.
Él se define como un testigo, pero no lo es en absoluto, por lo menos no únicamente. Él hace lo que sólo algunos elegidos pueden, recoger la realidad y transformarla en un sentimiento poderoso, tal vez no tan poderoso como fue en su origen, pero si lo suficientemente universal para que todos podamos dar un paso más allá de la observación y el discernimiento, para que podamos sentir, llorar, grabarnos a fuego en el cerebro las líneas perfectas de sus composiciones y la maldición de dolor y muerte que brota de su poesía visual.
Cuantos, como él, han sido capaces de mostrarnos el mundo de una manera tan áspera y tan humana, cuantos han sido capaces de llenar su obra de texturas y formas que no sólo se ven, sino que se sienten y se escuchan, merecen un lugar de privilegio en nuestros corazones, porque encarnan la lucha del hombre contra el hombre, la superación de las barreras que nos separan de nuestras propias ideas, en otras palabras, porque encarnan el arte.
Nacthwey es uno de los mejores fotógrafos en activo sino el mejor, ha ganado todo los premios existentes, pero su verdadera dimensión como artista sólo llegará cuando la historia lo coloque en el lugar que se merece. Porque con su sencillez, su talento, y su mirada se ha convertido en una fuente en la que las generaciones del mañana beberán, para entender como era este mundo que les dejamos.

www.jamesnachtwey.com
Crítica de Néstor Hernández
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Sensation. Revisión de la exposición mítica.
SENSATION. EXPOSICIÓN COLECTIVA. JÓVENES ARTISTAS BRITÁNICOS FROM THE SAATCHI COLLECTION. BROOKLYN MUSEUM OF ART. 2 DE OCTUBRE DE 1999 - 9 DE ENERO DE 2000
Junto a mi había un caballo, estaba pintado sobre un lienzo, pero perfectamente podría haber sido disecado. Su mirada transmitía un sentimiento de dolor tan intenso que tuve la sensación que en cualquier momento desaparecería de allí y volvería al lugar del que le habían sacado. Los dos nos mirábamos en un enorme espejo cóncavo que cubría la pared que teníamos delante. El resultado era una imagen imposible, perversa. Ambos nos fundíamos en una sola forma; una forma que resultaba incomprensible, que rompía todas las leyes de la percepción y que transmitía tanta soledad que era insoportable.

Intentando esquivar mi propia mirada caí en la siguiente sala como por accidente. La temperatura era cinco o seis grados menor. Aturdido y desorientado, durante unos instantes sólo pude percibir un intenso olor a formol. Una vaca cortada transversalmente en diez o doce pedazos metidos en grandes acuarios de cristal ocupaba la pared situada frente a mi. Toda la habitación estaba repleta de animales diseccionados, pero está vez sus miradas no transmitían nada. Parecía que siempre habían estado muertos, que ese estado de deconstrucción era su autentica naturaleza. Era como si el hombre hubiese podido por fin acabar con todo vestigio de vida que no fuese la suya propia, y le estuviese mostrando a generaciones futuras como eran aquellos seres que una vez compartieron el planeta con nosotros. La dominación final de la naturaleza por el hombre y la dominación final del hombre por su propia eficiencia, por su uso de la razón y el arte como instrumento, como fin y no como medio.
Un pequeño busto rojo mira al público desde una cámara refrigerada de cristal situada en lo alto de un pedestal, sólo hay que recorrer unos pasos para llegar a esta sala. La escultura, está hecha a partir de varios litros de sangre del artista. Esto fue una de las cosas más denostadas por el público y por gran parte de la crítica, ¿cómo se atreve este hombre, véase el hombre, a transcender sus límites corpóreos, a convertir su sangre en arte, a extraer las entrañas de la humanidad y a modelarlas a su imagen y semejanza? Creo que cuando decían esto, no se daban cuenta de que el problema no es que hayamos perdido el rumbo moral, que le hayamos robado la exclusiva a Dios de modelar con carne de su carne, que hallamos reducido la naturaleza a muestras bañadas en formol o que hayamos convertido los museos en parques temáticos a los que se va sólo en busca de “sensaciones”.
El problema real es que hemos perdido el control, que ya no somos nosotros, ninguno de nosotros, quien toma decisiones sobre nuestro futuro. Nuestra tecnología no se elige por su eficiencia o su productividad sino que se ha convertido en un hecho consustancial a si mismo y es capaz de crear ámbitos de necesidad para autojustificarse. Es aquí donde creo que está el gran mérito de Sensation, no en su trascendencia como arte, ni siquiera en la calidad de sus obras, sino en su oportunidad, en su función de espejo, en su capacidad para crear imágenes absurdas y dolorosas de nosotros mismos.
Esto es lo importante de estos jóvenes artistas ingleses, que han sabido mostrarnos el camino que hemos elegido, que han conseguido que algunos rompamos el espejo de la madrastra de Blancanieves que siempre nos decía que éramos los más guapos del mundo, que han conseguido que algunos se den la vuelta en la caverna y miren hacia la luz por más doloroso que esto pueda ser.
Crítica de Néstor Hernández
© Todos los derechos reservados.
Junto a mi había un caballo, estaba pintado sobre un lienzo, pero perfectamente podría haber sido disecado. Su mirada transmitía un sentimiento de dolor tan intenso que tuve la sensación que en cualquier momento desaparecería de allí y volvería al lugar del que le habían sacado. Los dos nos mirábamos en un enorme espejo cóncavo que cubría la pared que teníamos delante. El resultado era una imagen imposible, perversa. Ambos nos fundíamos en una sola forma; una forma que resultaba incomprensible, que rompía todas las leyes de la percepción y que transmitía tanta soledad que era insoportable.

Intentando esquivar mi propia mirada caí en la siguiente sala como por accidente. La temperatura era cinco o seis grados menor. Aturdido y desorientado, durante unos instantes sólo pude percibir un intenso olor a formol. Una vaca cortada transversalmente en diez o doce pedazos metidos en grandes acuarios de cristal ocupaba la pared situada frente a mi. Toda la habitación estaba repleta de animales diseccionados, pero está vez sus miradas no transmitían nada. Parecía que siempre habían estado muertos, que ese estado de deconstrucción era su autentica naturaleza. Era como si el hombre hubiese podido por fin acabar con todo vestigio de vida que no fuese la suya propia, y le estuviese mostrando a generaciones futuras como eran aquellos seres que una vez compartieron el planeta con nosotros. La dominación final de la naturaleza por el hombre y la dominación final del hombre por su propia eficiencia, por su uso de la razón y el arte como instrumento, como fin y no como medio.
Un pequeño busto rojo mira al público desde una cámara refrigerada de cristal situada en lo alto de un pedestal, sólo hay que recorrer unos pasos para llegar a esta sala. La escultura, está hecha a partir de varios litros de sangre del artista. Esto fue una de las cosas más denostadas por el público y por gran parte de la crítica, ¿cómo se atreve este hombre, véase el hombre, a transcender sus límites corpóreos, a convertir su sangre en arte, a extraer las entrañas de la humanidad y a modelarlas a su imagen y semejanza? Creo que cuando decían esto, no se daban cuenta de que el problema no es que hayamos perdido el rumbo moral, que le hayamos robado la exclusiva a Dios de modelar con carne de su carne, que hallamos reducido la naturaleza a muestras bañadas en formol o que hayamos convertido los museos en parques temáticos a los que se va sólo en busca de “sensaciones”.
El problema real es que hemos perdido el control, que ya no somos nosotros, ninguno de nosotros, quien toma decisiones sobre nuestro futuro. Nuestra tecnología no se elige por su eficiencia o su productividad sino que se ha convertido en un hecho consustancial a si mismo y es capaz de crear ámbitos de necesidad para autojustificarse. Es aquí donde creo que está el gran mérito de Sensation, no en su trascendencia como arte, ni siquiera en la calidad de sus obras, sino en su oportunidad, en su función de espejo, en su capacidad para crear imágenes absurdas y dolorosas de nosotros mismos.
Esto es lo importante de estos jóvenes artistas ingleses, que han sabido mostrarnos el camino que hemos elegido, que han conseguido que algunos rompamos el espejo de la madrastra de Blancanieves que siempre nos decía que éramos los más guapos del mundo, que han conseguido que algunos se den la vuelta en la caverna y miren hacia la luz por más doloroso que esto pueda ser.
Crítica de Néstor Hernández
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